El problema de los préstamos rápidos

El problema de los préstamos rápidos

Desde que los bancos han dejado de conceder líneas de crédito, cada vez es más difícil conseguir un préstamo. En este escenario, han aparecido las compañías de crédito rápido, que ofrecen “dinero rápido, sin explicaciones y con todas las comodidades”. Sin embargo, estas empresas de dinero fácil tienen un lado muy oscuro. Los intereses que exigen se sitúan entre el 12% y el 35%.

Hace años se llamaba dinero directo y ofrecían tener dinero líquido y efectivo para pagar el coche, la boda o las vacaciones. Sin contar la parte negativa, y es que en un plazo relativamente corto de tiempo, se tiene que devolver esa misma cantidad incrementada notablemente por unos intereses abusivos.

Hoy en día han resurgido compañías como Cofidis, Big Bank, Vivus o Crédito Activo, que forman parte de ese núcleo de empresas que ofrecen prestamos cuando ya nadie abre la mano, aunque en condiciones totalmente abusivas y cercanas a esa usura que está específicamente prohibida por la ley española.

La cuantía de los préstamos rápidos no supera los 10.000 euros y el plazo de devolución es siempre inferior a los cinco años. El método de solicitud es una sencilla llamada de teléfono, un simple SMS o a través de su página web.

Cofidis ofrece 500 euros al 24,5% TAE en cuatro años, Vivus concede 600 euros al 13% TAE en sólo un año y Big Bank puede llegar al 34,2% TAE, por poner sólo tres ejemplos. Algunas de estas compañías, además ofrecen el crédito directamente a través de proveedores de automóviles o de agencias de viaje. Por no hablar de los minicréditos o minipréstamos. Que ofrecen un máximo de 500 euros a devolver en menos de un mes. Sin preguntas y sin mecanismos de control por parte de las instituciones, salvo una única consulta en ficheros de morosos como ASNEF o RAI, realizada por la propia empresa interesada.

El único escenario en el que puede tener sentido pedir un crédito al 20% es que necesitemos realizar un pago de forma absolutamente inaplazable y nuestra siguiente nómina nos permita cubrir el agujero. En cualquier otra situación, estamos iniciando un círculo vicioso de préstamos e intereses y cometiendo una auténtica locura.

Estas empresas compensan el riesgo de impago o de insolvencia gracias a los altos intereses que imponen a sus clientes. En tiempos de crisis, además, tienen asegurado el negocio ya que son la única fuente de liquidez a la que pueden acceder muchas personas.

Desde las asociaciones de consumidores advierten que estos productos bordean las cláusulas abusivas y rozan la usura en muchos contratos, especialmente al establecer los intereses de demora. Además, una publicidad muy poco transparente oculta todas las desventajas y priva de una información objetiva y suficiente a los posibles solicitantes.

Aunque hayan sido rescatados por todos los ciudadanos, los bancos convencionales siguen sin ofrecer liquidez y obligan a muchos a tener que recurrir a estos pozos oscuros de financiación.

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