El ejercicio individual de la abogacía

El ejercicio individual de la abogacía

Una de las formas de ejercer la profesión de abogado es hacerlo a título individual. La forma clásica de desarrollar esta actividad es el tradicional abogado por cuenta propia. Esto es: de forma personal  y directa, sin la supervisión de una tercera persona.

El Estatuto General de la Abogacía regula este supuesto y define como abogado a los que sólo tengan en su despacho a un pasante o colaborador, a sus familiares o constituya una Sociedad Unipersonal. En todos estos supuestos seguimos ante la figura de abogado unipersonal o ejercicio individual.

El ejercicio por cuenta ajena implica encontrarse bajo el ámbito de decisión de una tercera persona. Este es el caso de ejercicio profesional bajo una relación de dependencia laboral, siempre que se den los cuatro requisitos clásicos establecidos en el artículo 1 del Estatuto de los Trabajadores: que la actividad laboral se desarrolle con las notas de voluntariedad, ajeneidad, dependencia y retribución.

Aún en el caso de actividad o ejercicio por cuenta ajena, se mantienen los principios de libertad e independencia que son inexcusables en el ejercicio de la abogacía.

En el caso de ejercer por cuenta ajena, tanto el empleador como el empleado deben ostentar la condición de abogado. El contrato de trabajo debe formalizarse por escrito y está sujeto a determinadas condiciones laborales estipuladas en el Real Decreto 1331/2006

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