El contrato de mediación o corretaje

El contrato de mediación o corretaje

El contrato de mediación es aquel en el que una de las partes, denominada mediador o corredor, adquiere el compromiso de promover la celebración de contratos entre el otro contratante y terceros ajenos, y ello a cambio de una remuneración de sus servicios.

El contrato derivado de la mediación se realiza entre el cliente y el tercero, no siendo el mediador o corredor parte del mismo.

Con una regulación volátil, ajena al Código de Comercio, existen, sin embargo, determinados colectivos profesionales que cuentan con una regulación específica para esta actividad, tal y como ocurre con los Agentes de Propiedad Inmobiliaria (Real Decreto 1613/1981, de 19 de junio)

La forma:

Este contrato se rige bajo el principio de libertad de forma, independientemente de las molestias probatorias que puede ocasionar su celebración verbal. No obstante, en el caso de algunos supuestos especiales, como ocurre con los agentes de la propiedad inmobiliaria es exigible una nota de encargo o constancia escrita del encargo realizado por el cliente.

Obligaciones:

El mediador se obliga a:

  • Ser diligente, en relación con la diligencia normal en el ejercicio de su actividad.
  • Guardar secreto en lo relativo al encargo adquirido.
  • Informar puntualmente al cliente sobre la marcha de las gestiones.
  • Cumplir cuantas otras cláusulas establezca el contrato o, subsidiariamente, lo establecido en los usos del comercio.
  • Guardar secreto tanto en lo relativo a las negociaciones que se lleven a efecto como en lo concerniente al nombre de las personas de las que provenga el encargo.
  • Ofrecer información puntual al cliente sobre la marcha de las gestiones que realiza.
  • Cumplir las cláusulas establecidas en el contrato y, en su defecto, debe estar a lo que establezcan los usos de comercio.

El cliente se obliga a:

  • Pagar la retribución acordada para el momento de concluirse el contrato.

El contrato se extingue, salvo que las partes dispongan otra cosa:

  •  Vencimiento del tiempo que se ha pactado.
  • Cumplimiento del encargo acordado.
  • Imposibilidad sobrevenida de realizar el encargo.
  • Revocación del encargo. El cliente puede revocarlo pero queda siempre obligado a las resultas de las gestiones practicadas antes de haberle hecho saber la revocación.
  • Muerte o inhabilitación del mediador, cuando sea persona física.
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