Divorciarse en España ¿Fácil o Difícil?

Divorciarse en España ¿Fácil o Difícil?

Cuando una pareja tiene problemas graves y la ruptura es inevitable, el divorcio el vía legal de poner punto y final al matrimonio. En estos casos, un divorcio de mutuo acuerdo puede ser una buena solución en un país como España, con una de las legislaciones (en este caso sí) más simplificadas y veloces de nuestro entorno. Un ejemplo: En España no es necesario dar un motivo por el que se inicia el procedimiento, más allá de la voluntad unilateral de una de las partes.

Divorciarse en España, sin embargo, puede ser un poco más complicado dependiendo de varios factores. Uno de los casos más habituales de procedimientos que suben la cuesta arriba son aquellos con cónyuges de distintas nacionalidades, que residan en el extranjero o que se hayan casado en un país diferente al nuestro. En estos casos, es posible que la competencia judicial o la ley aplicable al divorcio correspondan a un tercer Estado: ¿Qué quiere decir esto? Que, en ocasiones, el juez español no va a ser competente para dictar la sentencia de divorcio o, aun siéndolo, va a tener que aplicar la ley de otro país. Con la dificultad teórica y práctica que todo ello conlleva.

Otro factor que puede complicar la situación procesal es la existencia de hijos en común, ya que será necesario negociar un acuerdo en interés del menor, algo que, en caso de no producirse, impedirá la finalización del procedimiento. Además, la figura del fiscal, más popular por ejercer de acusación pública en los casos penales, interviene en esta ocasión para asegurar el bienestar del menor. En caso de no solucionarse por la vía amistosa, será el juez el que tenga la última palabra sobre cómo debe establecerse el convenio regulador y las medidas de guardia y custodia del menor.

También puede suponer un contratiempo (procesal, insistimos), la existencia de un patrimonio abultado en la cuenta de la pareja, ya que la mera negociación del reparto de bienes y la complejidad técnica de la división, van a dificultar bastante nuestro procedimiento.

Por nuestra parte, queremos evitar la imagen que enseña el divorcio como si se tratara de una guerra en la pareja, en la que existen reproches y culpas que agravan heridas. En muchas ocasiones, un divorcio de mutuo acuerdo, tras una negociación más o menos intensa, es una solución razonable. En otras ocasiones, se pueden alcanzar determinados acuerdos y exponer al juez sólo aquellos extremos que hayan quedado en el aire. En todo caso, existiendo hijos que vayan a depender de padres separados, es importante dejar puentes tendidos y canales de comunicación abiertos, porque tus hijos necesitarán que hables (y que llegues a acuerdos) con tu ex pareja.

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