Cómo interrogar a un testigo

Cómo interrogar a un testigo

A la hora de formular preguntas a los testigos de los procedimientos civiles y penales celebrados en España, tenemos que tener en cuenta el marco legal (Art. 368 de la LEC y 709 de la LECrim), que nos van a exigir, en la vía civil, preguntas claras, precisas y orales, sin valoraciones ni calificaciones. Mientras, en la vía penal, las cuestiones permitidas son aquellas que no resulten capciosas, sugestivas o impertinentes.

La LEC también nos va a exigir preguntas realizadas en sentido afirmativo y, en general, que estén relacionadas con el objeto del proceso y que resulten adecuadas para esclarecer los hechos controvertidos.

En el procedimiento penal, la impertinencia, la sugestión y la capciosidad están absolutamente proscritas, aunque no siempre queda claro cuál es cual y, dependiendo del juez, podemos recibir mayor o menor permisividad.

Si bien la definición de cada jurisdicción a que preguntas proceden en los interrogatorios es técnicamente diferente, podemos extraer unas notas comunes sobre preguntas que los jueces no van a tolerar.

Todo aquello que no guarde relación directa, que ralentice o entorpezca el proceso está fuera de lugar. La sugestión en el enunciado de una respuesta u otra a la pregunta formulada también está proscrita. Preguntas capciosas, inacabables, gramaticalmente complejas o inadecuadas al nivel cultural del testigo serán, muy probablemente, declaradas inapropiadas por su señoría.

Por tanto, a la hora de preparar las preguntas en los interrogatorios deberemos ajustarnos a la legalidad si no queremos pasar un mal rato en la sala.

Entre las preguntas que SI podemos hacer están las llamadas preguntas abiertas, que buscan respuestas extensas sobre condiciones generales y opiniones del testigo. En base a las respuestas, más o menos extensas, podemos ir precisando cuestiones. En caso de atasco, no hay más que volver al origen de la pregunta abierta para ceder de nuevo la iniciativa al testigo.

Las preguntas abiertas, sin embargo, no están recomendadas para el interrogatorio de testigos hostiles, ya que dan la oportunidad de que éste se sienta cómodo y vierta sus opiniones personales en el asunto.

En contraposición, las preguntas cerradas apenas dan la oportunidad de contestar negativa o afirmativamente y son muy oportunas en situaciones de dificultad. Un ejemplo:

¿Estuvo usted en el lugar X a la hora Y?

Las respuestas a preguntas cerradas tienen menos recorrido y conviene mejor a nuestros intereses ante testigos que pueden decir lo que no queremos oír.

Evitar formalismos como la clásica muletilla del “civilista” clásico de “¿y no es más cierto?” nos hará un gran favor a la hora de ganar credibilidad, como profesionales y como contadores de historias”, que es, al fin y al cabo, en lo que consiste la celebración de una vista oral en un tribunal.

Y para contar nuestra historia, o hacer que los testigos la cuenten por nosotros, también podemos usar las preguntas neutrales, que nos permiten comprar tiempo y fluidez sin que el testigo se vea condicionado en ningún sentido.

Por último, la psicología es un factor fundamental en el interrogatorio. Hacer sentir nuestra propia empatía u hostilidad al testigo es un arma perfectamente válida si queremos que incomodar a una persona o hacer que se relaje. En última instancia, realizar preguntas a priori inadmisibles, aunque al final sean rechazadas, puede tener cierta utilidad. En primer lugar, porque lo que sale de la voz del hombre ya no se puede volver atrás y podemos querer que se oiga un determinado argumento. Segundo, porque, al fin y al cabo, es el juez el que decide si una pregunta es admisible o no y siempre podemos tener fortuna.

 Cómo interrogar a un testigo
AlhambraNet.info es una Revista Jurídica Online especializada en las nuevas tendencias del Derecho. También resolvemos tus dudas en la sección de contacto.